Curadurías | Curatorial
2026 | Biastiario: matriz de las malicias
Magma Futura, Montevideo
La exposición-máquina interespecífica que nos presenta Fernando Velázquez es advertencia y confesión. Su bestiario fue configurado por mediación de algoritmos omnívoros y voraces que deglutieron hasta su propio nombre y lo devolvieron alterado en “biastiario”, todo un acto de honestidad confesa acerca de los sesgos, prejuicios, descartes y omisiones que configuran sus operaciones no solo intrínsecas sino también tabú. Durante la Edad Media, además, el bestiario funcionaba como advertencia para que los viajeros conocieran qué tipos de criaturas podían merodear los bosques, espacios librados a la amenaza de situaciones impredecibles, y entonces los manuscritos suponían manuales elementales de supervivencia destinados a revelar los peligros ocultos y minimizar el factor sorpresa. Mientras que las criaturas de los bestiarios religiosos eran dotadas de sentidos morales para adoctrinar a los fieles con figuras que encarnaban la virtud, el pecado, el engaño y la salvación, el Biastiario nos alerta de que la IA baja línea, prescribe conductas y también impone criterios sobre los modos en que se organiza la mirada y las maneras en que debemos ver.
La neutralidad de la tecnología es una farsa que hace rato tocó su fin, aunque cada tanto se arroga la apariencia de inocente. El Biastiario de Fernando Velázquez desenmascara los sesgos inscritos en las matrices de datos, sus sistemas de conocimiento y los repertorios culturales exorbitantes que solo las IA tienen la capacidad de procesar, no desprovistas de segundas intenciones. Develar las malicias de esta megamáquina deja al desnudo las fisuras de un sistema exorbitante que, al menos por una vez, baja la cabeza, reconoce sus perfidias y se arremanga para entregarse a la incómoda tarea de lidiar con sus miserias.
(Fragmento de texto curatorial)