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2024 | Entre las palabras y las cosas


The Sensitive Project de Catalina Tuca 

Todo objeto de la cultura se funda en un desajuste estructural entre las palabras y las cosas. Ya decía Foucault que las heterotopías resultan inquietantes porque socavan en secreto al lenguaje; le susurran al oído que no le será posible nombrar y así echan por tierra intencionalmente la posibilidad de gramática y sintaxis (la que construye las frases, pero también aquella que permite mantener unidos vocablos y entidades).

Entre las palabras y las cosas se abre un mundo inabarcable. En The Sensitive Project, Catalina Tuca se sumerge en el abismo de esta terra incognita, guiada por la tentativa de reconstruir el carácter inefable de las circunstancias vividas y sentidas, ante la dificultad de poner en palabras nada menos que lo inconmensurable de la experiencia. Con la intención de exponer una suerte de intimidad global, en el contexto del aislamiento durante la pandemia la artista invitó a distintas personas alrededor del mundo a que describieran sus emociones. Posteriormente, las grabaciones fueron enviadas a un grupo de diseñadores y artistas convocados para renderizar los relatos y convertirlos en modelos 3D. Al ingresar al sitio web del proyecto, nos encontramos con un catálogo de animaciones digitales que plasman la constelación de emociones recabadas en un conjunto dinámico, integrado por morfologías de tamaños, colores y comportamientos variables, algunas de ellas reconocibles y otras más bastante más inescrutables. En todas estas piezas, los relatos devienen en ensayos audiovisuales. Por ejemplo, la narración acerca de la materialidad de una piedra brillante, primero de color negro y luego gris, provista de una estructura elástica, hueca y a su vez pesada, y caracterizada por su textura de toalla –descripción ofrecida por una de las voces al definir las sensaciones de incomodidad y pánico experimentadas–, es acompañada por la imagen de un cuerpo redondo oscuro que late y se agranda en la medida en que avanza hacia el primer plano, y se achica cuando se aleja en dirección hacia la profundidad del cuadro. En otro caso, la energía eléctrica que irradia luz amarilla y blanca, inundando los pulmones y el corazón a través de un movimiento circular que empieza pequeño pero luego gana espacio y culmina como la explosión de una supernova, es modelizada por un aura dorada contenida en el fondo celeste del que emerge hacia adelante, en cuyo interior se vislumbran manchas blancas giratorias como ruedas o engranajes que aumentan su tamaño hasta ocupar todo el plano.

Si el primer estadío de la obra constó del relevamiento de las narraciones orales y, en una segunda instancia, los testimonios fueron convertidos en volúmenes que procuran dotar a aquellos de formas visibles, un tercer aspecto del proyecto consistió en la construcción de objetos físicos destinados a replicar los cuerpos virtuales con materiales tangibles como resina, silicona, cerámica y piedra. En este sentido, las tres etapas creativas comprendidas por The Sensitive Project contravienen la noción tradicional de representación. Lejos de abstraer las características singulares de lo real para plasmar sus atributos a través de los lenguajes artísticos, las operaciones desplegadas en la obra se dirigen desde la palabra inaprensible hacia la traducción del modelo virtual y del modelo virtual hacia la construcción del objeto físico (del sonido a la imagen y de la imagen al

dominio de lo háptico). En la tercera fase, basada en la experimentación con técnicas analógicas y digitales, las emociones caben literalmente en una mano. Sin embargo, los objetos asibles no yacen inertes sobre las bases que los exhiben esperando a ser meramente manipulados; en efecto, estos entes no constituyen un punto de llegada de los materiales y los modos de hacer que posibilitan su existencia, así como tampoco suponen un punto de partida para la transmutación de su objetualidad en patrones y formas alternativos. En la obra de Catalina Tuca, en cambio, los cuerpos tangibles condensan procesos de materialización que se entraman vitalmente a partir de diálogos con los participantes del proyecto, registros de experiencias personales, ejercicios de modelado de testimonios ajenos, investigaciones con materiales diversos e instancias de exhibición en espacios simultáneamente físicos y virtuales.

De manera semejante a una investigación arqueológica motivada por la producción de conocimiento a través de los restos materiales, la artista implementa diferentes técnicas y métodos a los fines de reconstruir un arché tan efímero y pasajero como lo es la experiencia emocional. Si consideramos el hecho de que el conocimiento es configurado por medio de estructuras y órdenes empíricos predeterminados por los códigos de una cultura, aquellos que gobiernan sus esquemas perceptivos, sus terminologías y valores, y que de antemano definen todo lo que seremos capaces de reconocer, pareciera que la tarea aquí emprendida carece de sentido. Pero a diferencia del trabajo científico, las hipótesis en el arte son maleables y los procesos experimentales priman sobre la necesidad de alcanzar resultados comprobables. En el intento de realizar lo impracticable, The Sensitive Project osa inmiscuirse entre el fenómeno y las formas de nombrarlo, asumiendo la imposibilidad constitutiva de aunar las palabras y las cosas.


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