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Curadurías  |  Curatorial


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2019 Fuerza Diagonal / Silvia Rivas

Rolf Art

Cuando un cuerpo choca con otro, irrumpe el límite que nos salva de la locura pero que al mismo tiempo nos vuelve un poco locos. Porque justamente en el efecto que parece exceder sus causas –una de las incontables definiciones de la idea de acontecimiento– radica la posibilidad de aislar una sensación tan volátil y sutil como la restituida por el contacto con ese cuerpo otro. 

Las videoinstalaciones que integran la muestra Fuerza Diagonal, de Silvia Rivas, recorren la cornisa de lo inminente. Cruzando distintos soportes y materialidades, las obras retoman la investigación iniciada por la artista en su serie titulada Todo lo de afuera (2004), donde un conjunto de personas pugnan por ocupar un mismo espacio, mientras se retienen de manera recíproca cada vez que alguna de ellas amenaza con renunciar a la lucha. La subjetividad de quienes se entregan a la disputa entra en tensión con el abismo de todo lo que (a pesar de ellos) permanece afuera. 

También en Fuerza Diagonal la imposibilidad se extiende en un horizonte de tiempo perpetuo. Pero en este caso la experiencia individual es sustituida por la interdependencia de los cuerpos que se entrelazan en acciones diversas: anudados por ritmos pesados y maquinales a fines de dominar el centro de la escena sin desmembrar al grupo; suspendidos diagonalmente en estado de alerta; o atrincherados contra el suelo en desplazamientos densos evitando alguna clase de peligro que acecha en el espacio situado más arriba. Si un cuerpo procura desadherirse de esta suerte de organismo, es entonces religado por el resto de los cuerpos al conjunto, porque en la obra de Silvia Rivas siempre irrumpe un elemento que quiebra la persistencia de lo invariante. 

Lo mismo sucede a la hora de combinar diferentes materialidades, las cuales introducen un aspecto de ambigüedad entre lo que se deja ver y aquello que se oculta. En algunas videoinstalaciones, el carácter matérico de la arcilla modelada por la artista, o del vidrio también esmerilado por ella, simultáneamente revelan y encubren distintas secciones de las imágenes proyectadas por detrás. De ese modo, las obras superponen la impronta parcialmente narrativa contenida en la materialidad tecnológica del video, con la condición aurática de soportes cuyas superficies todavía llevan impresas las marcas del trabajo manual y artesanal que les dio origen. 

Fuerza Diagonal alude al concepto homónimo propuesto por Hannah Arendt, entramando un repertorio de movimientos que se juegan en el punto de choque entre el pasado, de origen incierto, y un futuro cuya procedencia también se desconoce. Con la neutralidad del gesto minimal combinada con el dramatismo de una cierta gestualidad barroca, los cuerpos se sacuden, se empujan, se retienen y sostienen, eyectados por aquella fuerza oblicua donde el equilibrio se resiste a ser estable. Todo lo que existe es la acción como pura circunstancia.

When a body collides with another one, it bursts the limit that saves us from madness but at the same time drives us a little mad. Because precisely in the effect that seems to exceed its causes -one of the countless definitions of the idea of happening- lies the possibility of isolating a sensation so volatile and subtle as the one restored by the contact with that other body. 

The video-installations that integrate the exhibition Diagonal Force by Silvia Rivas, run the cornice of the imminent. Intersecting different supports and materialities, the pieces resume the investigation initiated by the artist in her series named Everything from outside (2004), where a group of people strive to occupy one same space, while they retain reciprocally each time that one of them threats to renounce the fight. The subjectivity of who deliver themselves to the dispute comes into tension with the abyss of everything that (despite them) stays outside. 

Also, in Diagonal Force, the impossibility extends into a horizon of perpetual time. But in this case, the individual experience is substituted by the interdependency of the bodies that intertwine in diverse actions: knotted by heavy and machine-like rhythms willing to dominate the center of the scene without dismembering the group; suspended diagonally at alertness; or entrenched against the floor in dense displacements avoiding some sort of danger that lies in wait in the upper space. If a body procures to un-adhere of this kind of organism, is therefore reattached by the rest of the bodies to the conjunct, because in Silvia Rivas’s work, always there is a bursting element that crashes the persistence of the invariant. 

The same happens at the time of combining different materialities, which introduce an aspect of ambiguity between what allows itself to be seen and what hides itself. In some video-installations, the materic character of clay modeled by the artist, or the glass frosted by her, simultaneously unveil and cover different sections of the images projected behind. In that way, the works overlap the partially narrative imprint held by the technological materiality of the video, with the auratic condition of supports whose surface still have imprinted the marks of manual and artisan work that has given them origin. 

Diagonal Force alludes to the homonym concept proposed by Hannah Arendt, interlocking a repertoire of movements that are played at the point of collision between past, of uncertain origin, and a future which provenance is also unknown. With the neutrality of a minimal gesture combined with the dramatism of a certain baroque gestuality, the bodies shake, push, retain and sustain each other, ejected by that oblique force where the equilibrium resists to be stable. Everything that exists is the action as pure circumstance.

ESPAÑOL

Cuando un cuerpo choca con otro, irrumpe el límite que nos salva de la locura pero que al mismo tiempo nos vuelve un poco locos. Porque justamente en el efecto que parece exceder sus causas –una de las incontables definiciones de la idea de acontecimiento– radica la posibilidad de aislar una sensación tan volátil y sutil como la restituida por el contacto con ese cuerpo otro. 

Las videoinstalaciones que integran la muestra Fuerza Diagonal, de Silvia Rivas, recorren la cornisa de lo inminente. Cruzando distintos soportes y materialidades, las obras retoman la investigación iniciada por la artista en su serie titulada Todo lo de afuera (2004), donde un conjunto de personas pugnan por ocupar un mismo espacio, mientras se retienen de manera recíproca cada vez que alguna de ellas amenaza con renunciar a la lucha. La subjetividad de quienes se entregan a la disputa entra en tensión con el abismo de todo lo que (a pesar de ellos) permanece afuera. 

También en Fuerza Diagonal la imposibilidad se extiende en un horizonte de tiempo perpetuo. Pero en este caso la experiencia individual es sustituida por la interdependencia de los cuerpos que se entrelazan en acciones diversas: anudados por ritmos pesados y maquinales a fines de dominar el centro de la escena sin desmembrar al grupo; suspendidos diagonalmente en estado de alerta; o atrincherados contra el suelo en desplazamientos densos evitando alguna clase de peligro que acecha en el espacio situado más arriba. Si un cuerpo procura desadherirse de esta suerte de organismo, es entonces religado por el resto de los cuerpos al conjunto, porque en la obra de Silvia Rivas siempre irrumpe un elemento que quiebra la persistencia de lo invariante. 

Lo mismo sucede a la hora de combinar diferentes materialidades, las cuales introducen un aspecto de ambigüedad entre lo que se deja ver y aquello que se oculta. En algunas videoinstalaciones, el carácter matérico de la arcilla modelada por la artista, o del vidrio también esmerilado por ella, simultáneamente revelan y encubren distintas secciones de las imágenes proyectadas por detrás. De ese modo, las obras superponen la impronta parcialmente narrativa contenida en la materialidad tecnológica del video, con la condición aurática de soportes cuyas superficies todavía llevan impresas las marcas del trabajo manual y artesanal que les dio origen. 

Fuerza Diagonal alude al concepto homónimo propuesto por Hannah Arendt, entramando un repertorio de movimientos que se juegan en el punto de choque entre el pasado, de origen incierto, y un futuro cuya procedencia también se desconoce. Con la neutralidad del gesto minimal combinada con el dramatismo de una cierta gestualidad barroca, los cuerpos se sacuden, se empujan, se retienen y sostienen, eyectados por aquella fuerza oblicua donde el equilibrio se resiste a ser estable. Todo lo que existe es la acción como pura circunstancia.

ENGLISH

When a body collides with another one, it bursts the limit that saves us from madness but at the same time drives us a little mad. Because precisely in the effect that seems to exceed its causes -one of the countless definitions of the idea of happening- lies the possibility of isolating a sensation so volatile and subtle as the one restored by the contact with that other body. 

The video-installations that integrate the exhibition Diagonal Force by Silvia Rivas, run the cornice of the imminent. Intersecting different supports and materialities, the pieces resume the investigation initiated by the artist in her series named Everything from outside (2004), where a group of people strive to occupy one same space, while they retain reciprocally each time that one of them threats to renounce the fight. The subjectivity of who deliver themselves to the dispute comes into tension with the abyss of everything that (despite them) stays outside. 

Also, in Diagonal Force, the impossibility extends into a horizon of perpetual time. But in this case, the individual experience is substituted by the interdependency of the bodies that intertwine in diverse actions: knotted by heavy and machine-like rhythms willing to dominate the center of the scene without dismembering the group; suspended diagonally at alertness; or entrenched against the floor in dense displacements avoiding some sort of danger that lies in wait in the upper space. If a body procures to un-adhere of this kind of organism, is therefore reattached by the rest of the bodies to the conjunct, because in Silvia Rivas’s work, always there is a bursting element that crashes the persistence of the invariant. 

The same happens at the time of combining different materialities, which introduce an aspect of ambiguity between what allows itself to be seen and what hides itself. In some video-installations, the materic character of clay modeled by the artist, or the glass frosted by her, simultaneously unveil and cover different sections of the images projected behind. In that way, the works overlap the partially narrative imprint held by the technological materiality of the video, with the auratic condition of supports whose surface still have imprinted the marks of manual and artisan work that has given them origin. 

Diagonal Force alludes to the homonym concept proposed by Hannah Arendt, interlocking a repertoire of movements that are played at the point of collision between past, of uncertain origin, and a future which provenance is also unknown. With the neutrality of a minimal gesture combined with the dramatism of a certain baroque gestuality, the bodies shake, push, retain and sustain each other, ejected by that oblique force where the equilibrium resists to be stable. Everything that exists is the action as pure circumstance.

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